El ruido constructivo, o la marcha hacia la sordera y el estrés

No está clara la diferencia entre el ruido constructivo y el ruido destructivo. Mientras los valiums y los tapones de cera se agotan en las farmacias, hay quien sigue acusando a los japoneses de ser los más ruidosos del planeta sin ninguna prueba comparativa fehaciente. Tal vez la equivocación consista en una malinterpretación de los conceptos, porque cualquier cosa puede ser concebida como ruido, excepto las obras municipales, donde el ruido se convierte en el sonido del bien público, por paradójico que parezca.

Aún así, está comprobado que en las ciudades más ruidosas los ciudadanos visitan más al psicólogo y al psiquiatra, particularmente cuando se están desarrollando grandes obras urbanas. El vecino cree que va a cambiar su calidad de vida, y no sabe hasta qué punto lo va a tener que pagar. Desde luego, incluso en la 13, Rue del Percebe todos vivían más tranquilitos.

Según para quienes, el ruido destructivo es el del botellón o el de locales sin insonorizar, pero habría que llegar a un nivel de civilización suficiente para considerar otros ruidos tan potencialmente destructivos como los primeros. Un ruido nunca es más o menos soportable según de dónde surja, simplemente depende de sus decibelios. No por ser de propiedad municipal, un taladro de grueso calibre o un martillo hidráulico son menos ruidosos.

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