Las pérdidas auditivas temporales dejan huella

Las ‘VIII Jornadas Internacionales sobre Avances en Audiología’ de la Universidad de Salamanca se ocupan este año de una patología auditiva “que hasta hace poco tiempo ni siquiera se sospechaba”. Cuando una persona se expone a un ruido intenso como el que se registra en una discoteca o en un concierto puede perder audición durante un breve periodo de tiempo, pero los científicos han descubierto que estos episodios dejan un daño permanente que a la larga puede ocasionar otras complicaciones. Por eso, consideran que estos nuevos conocimientos podrían aconsejar la modificación de la legislación actual sobre niveles de ruido permitidos.

Enrique López Poveda, investigador del Instituto de Neurociencias (INCYL) de la Universidad de Salamanca y organizador del encuentro, destaca la importancia de los últimos hallazgos científicos en esta materia. “La exposición a un ruido intenso puede hacer que perdamos audición durante unas horas o unos días, pero después nos recuperamos. Lo que no sabíamos es que esa pérdida temporal deja un residuo permanente en el nervio auditivo”, comenta en declaraciones a DiCYT. Entre los ponentes de las jornadas destaca Charles Liberman, catedrático de Otorrinolaringología de la Universidad de Harvard y descubridor de este tipo de “patología oculta”, como la definen los especialistas.

El nervio auditivo tiene unas 30.000 fibras que son “los hilos que envían información al cerebro”, explica López Poveda. El daño consiste en la pérdida de conexión entre ellos y las células del oído, por eso, la patología se conoce como desinervación auditiva. Con las técnicas de diagnóstico actuales no se puede detectar, al menos, no fácilmente.

Sin embargo, los científicos destacan su importancia porque podría explicar muchas de las dificultades que tienen las personas con deficiencia auditiva. “Una de las cuestiones que nos hemos planteado durante muchos años es por qué la gente que tiene pérdida auditiva tiene problemas para entender, incluso si tiene audífonos, y una de las razones puede ser la existencia de un daño que los audífonos no pueden compensar”, comenta el investigador del INCYL.

Además, los científicos advierten de que el problema también lo sufren quienes están expuestos a ruidos de menor intensidad que según las normas actuales están permitidos porque no causan daños auditivos. “Probablemente, nos va a tocar revisar la legislación sobre lo que se consideran niveles de ruido aceptables y no tolerables”, anticipa el experto.

Este tipo de patología también está asociada a una edad avanzada. Es posible que, simplemente, las conexiones se pierdan con el envejecimiento, pero los científicos no descartan que los efectos de someterse al ruido se vayan acumulando en el tiempo.

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